En los últimos quince años, Costa Rica ha visto un gran aumento de construcción, el mismo aumento que se ha visto en otras partes del mundo. En el caso de Costa Rica, este aumento ha tenido resultados tristes. Algunos edificios nuevos han invadido las selvas costaneras y han afectado el flora de las montañas verdes del país. Algunos animales han perdido sus hábitats, y la calidad del aire se ha empeorado. Esta nueva construcción también ha tenido otro efecto—un cambio emocional en los usuarios de los edificios nuevos. La nueva construcción ha cambiado la relación entre las personas y su arquitectura en Costa Rica.
En el siglo pasado, edificios nuevos se construían esporádicamente en Costa Rica. La construcción duraba mucho tiempo, y los materiales de construcción eran caros. La gente construía sus casas y edificios comerciales sólidamente y sin planes de demolerlas. Cuando un negocio nuevo o una organización necesitaba un edificio para sus actividades, en lugar de construir un edificio nuevo, casi siempre buscaban un edificio ya existente. Adaptaban estos edificios–casa todos eran casas–a sus necesidades particulares. Escuelas, grupos religiosos, organizaciones culturales y negocios pequeños usuban casas viejas para sus actividades. Los miembros de estas organizaciones se acostumbraban a la idea de conducirse en residencias antiguas.
Esta reutilización de los edificios fué una idea económica que tenía un aspecto emocional también. Los usuarios de los edificios adaptados sentían una conexión con los usuarios anteriores y sentían la continuidad orgánica del edificio. Los estudiantes asistían a clases en cocinas antiguas, leyendo y estudiando donde antes se cocinaban las verduras y los frijoles. Usaban bibliotecas donde todavía se podían distinguir las salas antiguas donde alguin celebró una fiesta o miró hacia afuera a un patio privado. Los trabajadores de oficina se acostumbraban a los varios baños y clósets residenciales y disfrutaban de los patios interiores que antes iluminaban los espacios domésticos.
Sin darse mucha cuenta, los usuarios de estos edificios adaptados modelaron sus movimientos y sus activdades a los espacios y las actividades de personas desconocidas. Los nuevos usos y los interiores reconfigurados nunca borraban el sentido de los ocupantes antiguos. Los nuevos usuarios se paraban frente de las mismas ventanas, caminaban por los mismos pasillos y disfrutaban de las mismas vistas que conocían los usuarios anteriores. La arquitectura retenía el sentido del pasado reciente, de una historia que todavía dejaba rastros de sí mismo.
Como todo país modernizante, Costa Rica necesita sus edificios nuevos. Las casas viejas se tumban para construir edificios con usos específicos. Sin embargo, los amantes de la Costa Rica antigua todavía pueden visitar algunas de estas casas viejas para sentir las memorias de los que vivieron allí antes.



